(nada como el agua, nada como un pez)
No hay mayor certeza que saber que uno va a morir.
Tomando agua del pantano, oliendo veneno para cucarachas
ahogado en su propio vómito, o con un nudo en el cuello.
Emily Dickinson pasó sus últimos años sin hablar con nadie.
Yo una vez decidí dejar de hablar,
Lo hice por mucho tiempo
unos 300 días y 300 noches
Como en un cuento de hadas que, por promesas, deciden probar cuan fuerte es capaz de resistir uno
¿Cuan fuerte se es?
Un cuento de hadas, repleto de encantamiento
Pero esta vez, el hechizo fui yo sin hablar
Sin tener nada que decir sin poder, ni siquiera hablar.
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