Me aparté de mujeres deseadas y amadas como nunca fueron amadas por nadie. Y es mi altercado, a veces, con alguna de ellas. Que no comprenden razón alguna en que no las desmerezco, sino que las guardo como un retoño de recuerdo grato, util, inolvidable. Y aunque debo de seguir esta vida cruel hasta el fin elegido, deberé andar por una vía que yo me impongo, una vía de conocimietno donde la capacidad de mi asombro sea inagotable. Descubrir para qué y por qué existen y se atraviesan personas en mi vida. Por qué se van, por qué las dejo, por qué siguen continuando al lado mío aunque no esten presentes. Pero que están.
Nada vale no verlas. No verlas vale todo multiplicado por mil, por que mi imaginación las piensa a cada una en un momento definido, en un estado puntual, específico e imborrable, algo tan claro que puedo leer a la distancia cuán profundo es para mí haberles relegado ese factor de recuerdo como el que llevo tatuado.
Nada vale no verlas. No verlas vale todo multiplicado por mil, por que mi imaginación las piensa a cada una en un momento definido, en un estado puntual, específico e imborrable, algo tan claro que puedo leer a la distancia cuán profundo es para mí haberles relegado ese factor de recuerdo como el que llevo tatuado.
Sepan disculpar, soy de los que sufren un extraño síndrome de depresión, dicho en palabras de un profesional de la salud.
w.


No hay comentarios:
Publicar un comentario