(21 gramos. Ok ¿Cuántas vidas tenemos en una misma?)
Yo tenía una vida. La perdí y ya no soy el mismo que antes fuí desde entonces. Sigo vivo a pesar de todo y las películas me conmueven. Me llevan a esa realidad que alguna vez viví, a ese preciso instante del presente que tuve. Perdí una vida a los 8 años sin saber cómo sería ahora si no hubiese sucedido. Si me escandalizara por mostrarlo sería una impertinencia. O un fiasco al recibir un signo de lastima. Solo digo que termino viendo películas que me hacen pensar en ello. O que me llevan, sin más.
Algo sucedió que me hizo pausar y querer tomar el anotador mientras la estaba viendo. Algo que me sucede a mi todo el tiempo y quizá a vos también, ya que, o bien los personajes son lo que buscamos, hechos a nuestra propia medida o porque ellos mismos nos retratan como lo que somos, o lo que fuimos, o lo que vivimos.
Entonces la cometa del recuerdo se posa inerte encima de tu cabeza. Y allí cuenta hasta un número infinito. Esa es la totalidad, después de todo. Y sigo en búsqueda de algo que no me permita recordar y pueda salirme de una vez. Imposible hasta ahora. ¿¿¿Qué es un imposible???
Entonces tomé el anotador, y con la otra mano le dí pausa al reproductor. Anoté la frase que luego me hiciera sentarme aquí y escribir.
La escena es común; no la historia. Una tragedia palaciega que reune a tres personas. Tres personas desconocidas unidas por la tragedia. Esa es la única diferencia. Nosotros también éramos tres. Pero solo para mí fue una tragedia. A ellos no los veía reír. Ni siquiera sabía quienes eran en realidad aunque a él lo había visto anteriormente probablemente. Y yo en mi propio muro que se alza y se esconde al mismo tiempo por encima de los demás.
En la escena, vuelven a encontrarse el hombre (Benicio Del Toro) y su mujer. La mujer se sienta frente a el y comienzan a hacerse caricias llenas de sexo por venir. Y en tan solo un segundo, él se detiene. Su cuerpo permanece pegado al de ella. Pero es su cuerpo el que se detiene. Su cabeza sigue funcionando por cuenta propia. Parece no estar más ahí. La mujer se da cuenta de que algo anda mal. Le toma la cabeza y él apenas logra decir: ¨ Me miró a los ojos. Una de las niñas me miró. Trataba de decirme algo, pero hui ¨... Entonces pobre hombre larga un llanto sumamente desconsolado. Por más brazos hermosos que te recorran, no pueden hacerte salir del lugar donde estás ahora. El tipo no puede tener el sexo que desea, con la mujer que desea. Se dejó llevar por un momento, cuando la tomó frenéticamente y comenzaron a caer cosas del mueble, largando los dos, suspiros, aires de deseo ardiente. El hombre no pudo. Tenía su cabeza colgando en una imagen que no le permitía hacer nada, y tan solo sin quererlo, sin desearlo. ¿Cómo vas a estar deseando que todo se vaya al diablo y no puedas por que hay otra imagen en tu mente que te impide ser y hacer?. Eras re-vos!, man. Estabas con tu mujer,justo ahí. Pero no lo hiciste, no lo podes hacer por que hay otra proyección dentro de tu cerebro.
El hombre pasa algunos días en la cárcel, en un momento se arrepiente de haberle entregado su vida a Dios y su visita lo reprende y le pide que no blasfeme. Que pida perdón a Cristo o se irá al infierno. El hombre apunta con su dedo índice a su popia cabeza y le pregunta. ¿El infierno?. Y lo mira como diciéndole, idiota, estás de visita en esta celda, pero yo maté a dos niñas y su padre. Estoy en la cárcel, ¿qué otro infierno puede haber?. Y con el dedo en su cabeza, le dice. La cárcel se encuentra aquí dentro.
La cárcel que es tu cerebro te condena a vivir una vida que no querés muchas veces. Tanto como ciertas cosas que no querés que pasen o como otras tantas de las que deseas que no te hayan ocurrido. Si estás a punto de tener un momento memorable y te viene la peor de las imágenes a tu cabeza, decime cómo mierda vas a continuar?.
Mi sana envidia por la gente que llora su sufrimiento.
El dice: No puedo borrarlo. Luego repito yo: No puedo borrarlo. Nos hermanamos en la incapacidad y el dolor de conservar la mente intacta y arruinada por un segundo. Un segundo que no debería habernos hecho así si no hubiera sucedido. Pero las cosas pasan y la vida continúa. Y ella, hermosa y rubia también le habla a su padre y le dice. No, la vida no continúa. Ella nunca pudo entender por que él siguió sonriendo luego de que falleciera su madre.
Y la música sigue siendo la película de la vida, que gira la ruleta siempre hacia el mismo sentido. Pero que se detiene en el número impensado, por el que a partir de ese número, podés explicarlo todo. Pero nunca te comprenderán del todo, por que nadie estuvo allí. Y si sienten como vos, tendrás suerte y serás una piedra petrificada. O un fruto podrido que ya no le importa más a nadie, por que estás en medio de un bosque deshabitado. O sos un grano de arena más en el desierto que lo seca todo. O una gota en medio del océano. Que va, da igual. Es todo lo mismo. ¿Pero son números verdad?. Solo resta encontrarlo. Cada uno tiene su número, el propio. Según estudios cientificos afirman que todos perdemos 21 gramos en el instante preciso de nuestra muerte. TODOS!. Pero cada uno, antes de su muerte, lleva consigo un número. Un número por el que podría explicarlo todo. Por el que podría nacer de nuevo y recomenzarlo todo; o también dar por terminado todo el asunto haciéndote a un lado de esta vida y volarte los sesos.
Yo, todavía, no puedo salirme del octavo. ocho años. Mi vida ha cambiado para siempre.
w.
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