Ya nos hicimos demasiado daño los dos, y sin quererlo, o queriéndolo a veces, para hacerle abrir los ojos al otro abruptamente, para mitigar al ciego y, en efecto, hacerlo ver.
Ya no me alcanza con perderte, por que no soy tu posesión. Tampoco pretendo serlo.
Yo no te poseo más que en mis deseos, en mi memoria y muy rara vez en mis sueños. Y en algunos casos tales de total armonia, cuando tu presencia está cercana a la mia.
Y nuestras cabecitas locas se detienen en el pensar, que es lo más divertido, en armonizar la propia maquinaria imparable del pensamiento.


y como de costumbre, falté a mi cita favorita.
ResponderEliminar